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No basta con "Confié en que cada área hacía lo suyo" - Ley N°21.595

Su Directorio ya no puede escudarse en "confié en que cada área hacía lo suyo"

En una compañía industrial, la mantención e instalación de infraestructura y maquinaria no dependen de un proceso: dependen de una cadena coordinada. Para que un mantenedor pueda meter las manos en una máquina, no basta con que él sea competente. Recursos Humanos tiene que tener sus certificaciones al día. Abastecimiento tiene que tener las herramientas y materiales listos. Seguridad tiene que dar el visto bueno de acceso a planta. Cada eslabón, por separado, puede tener una buena explicación de por qué cumplió o por qué no. Pero es la cadena completa por donde fluye el compromiso a cumplir: que el trabajo se haga, a tiempo, en el lugar adecuado, sin exponer a nadie.

El problema es que la mayoría de las empresas se organiza por área — organigrama — y no por cadena de cumplimiento. Eso significa que cuando algo falla, nadie tiene la vista completa de dónde se rompió la promesa. Y esa misma falta de vista completa, hoy, no es solo un problema de eficiencia. Con la Ley de Delitos Económicos (Ley N°21.595), un director ya no puede escudarse en "confié en que cada área hacía lo suyo": si ocurre un daño — a una persona, a un equipo, al medioambiente — lo que se le va a pedir es evidencia de que hubo supervisión efectiva en cada eslabón de esa cadena, no solo la intención de tenerla.


Un flujograma en la pared, o un software experto en "due diligence", no resuelven esto. Ambos describen cómo debería funcionar el proceso — pero un proceso solo funciona de verdad cuando cada persona que participa en él entiende en qué eslabón está y qué consecuencias tiene cuando falla. Eso no se logra documentando ni configurando un sistema desde una oficina. Se logra trabajando con la gente que ejecuta el proceso todos los días: entendiendo sus herramientas reales, sus tiempos reales, y por qué a veces el proceso se salta sin que nadie lo reporte. Por eso el rediseño en Trazha se hace con quienes están en la cadena, no sale del "cajón de los buenos procesos" y se entrega cuando ellos adoptan las prácticas y lo hacen recurrente. Los procesos no solo se comprenden, también se habitan.


Sobre esa base — la cadena bien armada y con la gente que la ejecuta comprometida con ella — instalamos el control: quién ejecutó, cuándo, con qué respaldo. Y cuando algo se sale del estándar — una falla de protocolo, una alerta que exige respuesta inmediata — el proceso mismo lo levanta, lo asigna y deja registro de cómo se resolvió. No es un hallazgo que aparece en la próxima auditoría: es parte del funcionamiento diario del proceso.


Eso resuelve el problema operativo — la mantención se cumple — y al mismo tiempo deja al Directorio con algo que hoy probablemente no tiene: registro verificable de diligencia debida en la cadena crítica de la operación.

 
 
 

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